Tenet: Nolan y sus juguetes

Análisis de la película Tenet

Nolan y sus juguetes

Vaya por delante que esta reseña, comentario o apreciación del último film del maestro Christopher Nolan está sujeto a cambios imprevisibles. Salgo exhausto del cine, con el cerebro taladrado y la impresión de que se me han escapado muchas cosas… Demasiadas cosas. Quizás eso tenga arreglo con un segundo visionado, o con un tercero, ¿quién sabe?, pero ahora mismo mis sensaciones están enfrentadas.

Tenet es lo más espectacular que te puedes echar ahora mismo a la vista, la escala de la película es monumental, casi tan grande como su propia ambición. La acción se sucede sin descanso desde su fulgurante inicio a su hiper confuso clímax final, movida por una serie de ideas, por un concepto tan novedoso como complicado de procesar de forma conveniente. No voy a explicar nada de la trama ni lo que es TENET (tampoco sé si podría, si estoy capacitado para ello), pero es de ley decir que Tenet es una película altamente disfrutable, para verla en la pantalla más grande posible, a pesar de que no se llegue a entender del todo lo que está ocurriendo delante de tus narices. A pesar de perderte en la maraña de detalles, acciones y decisiones de sus protagonistas.

Nolan se divierte en su undécimo film con dos de sus juguetes favoritos: el thriller sofisticado tipo James Bond y el tiempo. Porque Tenet tiene absolutamente todos los ingredientes de una película del agente 007 (del que Nolan es fan confeso, de hecho uno de sus primeros recuerdos en una sala de cine es ver La espía que me amó con solo 7 años): un agente con innumerables habilidades y un equipo competente detrás, un malo malísimo histriónico con ínfulas (un buen Kenneth Branagh, dadas las circunstancias, al que me gustaría escuchar en versión original), una chica elegante e intrigante, armas de destrucción masiva, acción a tutiplén, espionaje internacional, un bonito tour mundial…  Todo inserto en una trama en la que el papel que juega el tiempo (una de sus obsesiones-fetiches) es tan fundamental como ya lo fue en títulos suyos como Memento, Origen, Interstellar o Dunquerque. Es lo que moldea su nuevo thriller, uno en el que, de hecho, predomina con más fuerza que nunca en su filmografía la forma sobre el fondo.

tenet

¿Qué pasa entonces con Tenet? Pues que, quizás, a míster Nolan se le ha ido demasiado la mano. No dudo de que todo lo que cuenta esté perfectamente calculado al milímetro, seguro que con una base física teórica sólida, pero el resultado final, fuera de la grandiosidad y la épica de sus inventivas escenas de acción, acaba resultando cargante. Una imparable vorágine en la que los resolutivos personajes (son todos unos fuera de serie, todos mens sana in corpore sano) se ven obligados a actuar con el tiempo encima (¿o es debajo?), dejando el espacio justo para expresar sus emociones. Sin duda el interpretado por Elizabeth Debicki es el personaje más humano de todos, siendo destacable también la química y el derroche de carisma y galletas del tándem John David WashingtonRobert Pattinson. Aunque, al final, no dejen de ser meros clichés sin demasiada personalidad al servicio de la historia.

En una época en la que casi todas las películas nos parecen cortadas por el mismo patrón,  en la que el blockbuster en particular se atiene a ciertas reglas y lugares comunes inamovibles, resulta refrescante y muy valorable que autores como el británico se atrevan a contar cosas nuevas (aunque sea valiéndose de elementos de toda la vida). La cuestión aquí es que la historia se retuerce tanto sobre sí misma, tanto vaivén temporal, tanto concepto nuevo que asumir y tan poco tiempo para comprenderlo, que la sensación final que te queda en el cuerpo, aparte de un buen dolor de cabeza, es de irremediable confusión. Un espectacular barullo para la posteridad.

¿Es una maravilla? ¿Se trata de la película más floja de Nolan en la última década? Puede que sí, puede que no. Personalmente me quedo con Origen (dónde dibuja un universo propio más atractivo y dramático) o Interstellar (la odisea emocional nolaniana), pero no cabe duda de que vale la pena internarse en este fascinante viaje de un director que siempre sorprende y reparte fichas para espolear la mente.

 


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